Desafíos contemporáneos para la decolonización de medios de comunicación.

*Andrés Gómez Vela.  Buen día, muchas gracias por la invitación. Voy a empezar mi exposición con tres conceptos. Medios de comunicació...

*Andrés Gómez Vela. 

Buen día, muchas gracias por la invitación.

Voy a empezar mi exposición con tres conceptos.

Medios de comunicación

Son sistemas integrados, estrechamente vinculados y fusionados entre sí a través de internet; diseñados para ser espacios de comunicación social, pero limitados a producir información, corrientes de opinión y cultura global. 

Colonización cognitiva

Es la reproducción de modelos de conocimiento y de fenómenos comunicacionales dominantes por parte de los propios dominados.   

Decolonización

Es un proceso mental de emancipación colectiva que tiene como objetivo reinterpretar el mundo y resignificar los medios de comunicación social para revertir situaciones culturales y epistemológicas dominantes.

La primera acepción de descolonización nos remite a la guerra de la independencia, que comenzó en América en la agonía del Siglo XVIII y terminó en el primer cuarto del Siglo XIX, cuando nacieron los nuevos estados después que se descolonizaron de España, Portugal, Gran Bretaña. 

Esa primera descolonización ha sido insuficiente porque fue una emancipación jurídico/política, pero no intelectual /cognitiva debido a que se mantuvieron intactas las formas de conocimiento e interpretación del mundo dominantes y las múltiples relaciones sociales, raciales, étnicas, sexuales, epistémicas, económicas y de género. 

Primer intento de decolonización desde los medios. 

Como petición de principio señalo que no se puede cargar la responsabilidad total de la prosecución de la colonización o neocolonización en los medios de comunicación porque éstos son espejos de la sociedad, en vista de que las audiencias influyen en los medios y los medios en sus audiencias, aunque en menor dimensión estas últimas. 

Sin embargo, los medios son esenciales para procesos de dominación o emancipación por el mismo hecho de haber sido diseñados como espacios de comunicación, aunque limitados a producir información, corrientes de opinión y cultura global bajo el modelo del libre mercado. Un modelo con altos intereses económicos para reproducir relaciones y pensamiento de dominio por los mismos dominados. 

Esta opulencia mediática ya fue cuestionada por el informe “Voces multiples, un solo mundo”, elaborado por una comisión de la Unesco, presidida por el irlandés Seán MacBride y publicado en 1980.

En mi opinión, fue el primer intento de decolonización, fundamentalmente porque demuestra la importancia de la comunicación, los medios y la tecnología para resignificar el mundo desde cada cultura, por lo que sugiere un nuevo orden mundial de información y comunicación, resumida en dos premisas:

  1. El poder de informar y de ser informado es una de las claves de las sociedades modernas, hasta el punto de que la creciente concentración del poder de informar podría desembocar en nuevas formas de control en las que ya no habría separación de los poderes de la sociedad. 
  2. La información es un recurso clave en cuyo tratamiento no pueden dejarse de lado las interacciones entre comunicación, tecnología y cultura. Por esta razón se propuso cinco líneas de acción principales:


  • Promover la inclusión de la comunicación como derecho fundamental de los individuos y las colectividades. 
  • Reducir los desequilibrios, desigualdades y distorsiones que afectaban a las estructuras y a la circulación de noticias. 
  • Alentar todos los esfuerzos para promover una estrategia global para una comunicación democrática en un mundo interdependiente, pero respetando las identidades culturales y los derechos individuales. 
  • Impulsar la formulación de políticas nacionales de comunicación, coherentes y duraderas en el marco más amplio de los procesos de desarrollo. 
  • Explorar las bases sobre las que debería establecerse un Nuevo Orden Mundial de la Información y la Comunicación (NOMIC) como componente de un Nuevo Orden Económico Internacional (NOEI).  

Este proyecto fue destruido por Estados Unidos, un Estado que se descolonizó y se convirtió en colonizador en poco tiempo; desde esta posición de dominio ejerció su poder, en aquella ocasión, para seguir influyendo en los dominados a través de los medios, la tecnología y la comunicación.

¿Cómo reproducen la colonización los medios?

En este punto, es importante entender la colonización cognitiva/intelectual (sobre la base del concepto señalado al principio) como los efectos del conocimiento producido en los países colonizadores sobre los habitantes de los países colonizados.

Uno de esos efectos fue obstruir la construcción de una identidad nacional; y el otro efecto, haber logrado la perpetuación de las imágenes de los colonizados como seres inferiores ante los colonizadores.

Por eso, Boaventura de Sousa Santos definió  la colonización cognitiva como la homogenización del saber, puesta al servicio de las estructuras existentes y de las clases dominantes.

En ese mismo sentido, el sociólogo colombiano Orlando Fals Borda, en su estudio sobre “Las Revoluciones inconclusas en América Latina”,  planteó que uno de los problemas medulares de la intelectualidad, como agente de cambio, es haber tenido y tener un historial de imitación de sus contrapartes en Europa y Estados Unidos.

Borda subrayó que el colonialismo intelectual parte del reclamo de que no se han hecho esfuerzos significativos para formar centros académicos propios que puedan “mantenerse al día con las cuestiones universales sin dejar de estimular la creación independiente”.

Este colonialismo intelectual de Estados Unidos y Europa hacia América Latina se reproduce sistemáticamente en la colonización cognitiva que se ejerce, en parte, a través de los medios, de los periodistas y de los intelectuales.

Así se explica por la cual gran parte de los medios replican el lenguaje proveniente de este colonialismo cognitivo: desarrollo, socialismo, capitalismo, crecimiento económico, explotación de los recursos naturales.

Multiplican esas palabras de gran calado a través de la cobertura privilegiada a fuentes de poder político, poder económico y poder fáctico, aglutinadas en élites que no ofrecen al público opciones o visiones alternativas fuera de los estereotipos impuestos.

En esos grupos sociales y liderazgos, que representan el estímulo o la paralización del cambio, están de manera relevante los intelectuales y comunicadores/periodistas porque son parte de la construcción de la opinión pública.

Desafíos contemporáneos para la decolonización

Boaventura sugiere que para descolonizar “el mundo de vida” es necesaria la descolonización cognitiva. Esta afirmación deposita una responsabilidad del tamaño de la misma colonización en intelectuales y comunicadores/periodistas porque en los primeros está la producción de conocimientos y en los segundos, la difusión de esos conocimientos y la cobertura de formas alternativas de interpretación del mundo y de culturas.

Bajo esta lógica, las universidades y los medios pueden ser agentes de decolonización efectivos porque producen nuevos epístemes y los difunden envasados en corrientes de opinión pública.

Boaventura también asegura que es necesario “descolonizar, democratizar y desmercantilizar” el conocimiento. En consecuencia, los medios de comunicación están impelidos a abrirse a las fuentes con saberes no occidentales, alejadas del poder político o contrarias a los poderes económicos y fácticos.

En estas circunstancias, el primer desafío es formar en las Universidades estudiantes creativos y no repetitivos/memorísticos; estudiantes capaces de despojarse del miedo a cometer errores y entender que la creación y recreación se cimienta justamente sobre la ecuación prueba-error-prueba-error hasta lograr un nuevo conocimiento o interpretar desde un ángulo desconocido el mundo.

Entendidos los medios de comunicación como sistemas integrados que se suministran datos, imágenes y símbolos los unos a los otros; el segundo desafío es la alfabetización mediática para la ciudadanía de distinta edad en temas como el uso de las Tecnologías de Información y Comunicación (TIC), el acceso a la información y el análisis y evaluación de los medios.

De inmediato viene el tercer desafío: la competencia digital para que las personas desarrollen conocimientos, actitudes y prácticas respecto a las redes sociales y las puedan manejar apropiadamente en beneficio personal y social. Este desafío está concatenado sobre la base de que los medios de comunicación tradicional (televisión, radio) masifican la producción cultural y las redes sociales desmasifican, dando a sus usuarios cierta autonomía de interpretación del mundo.

El cuarto desafío tiene que ver con los modelos de gestión en comunicación para evitar el modelo autoritario y contrarrestar el modelo de libre mercado con el modelo de servicio público para poner, de esa manera, énfasis en la creación de servicios de radio y televisión al servicio público porque los medios son empresas de concienciación (Len Masterman) porque ignoran y hacen visibles temas, interpretan y explican a su manera la realidad, moldean percepciones e ideas y no sólo informan, sino ofrecen maneras de ver y entender el mundo. 

Finalmente, la segunda descolonialización —a la cual aludimos con la categoría decolonialidad— tendrá que dirigirse a la heterarquía de las múltiples relaciones raciales, étnicas, sexuales, epistémicas, económicas y de género que la primera descolonialización dejó intactas; en esa perspectiva hay un quinto desafío: superar la relación desigual entre medios y ciudadanos, en la que los primeros proveen y los segundos consumen.

El comunicólogo René Zeballos, en su libro “La Competencia mediática de jóvenes de la ciudad de La Paz”, indica que la equidad en la relación medios y ciudadanos brinda valor a la presencia de los medios en el tema político por lo que personas con educación audiovisual tendrían una más alta criticidad y velarían por ejercer sus derechos políticos.

Masterman, en su libro la “Enseñanza de los medios de comunicación”, agrega que esta educación audiovisual debería asumir un rol significativo en la educación para la democracia.

“El mundo de comienzos del siglo XXI necesita una decolonialidad que complemente la descolonización llevada a cabo en los siglos XIX y XX, entendida como un proceso de resignificación a largo plazo, que no se puede reducir a un acontecimiento jurídico-político”, escribe el profesor argentino Walter D. Mignolo.

Entonces, no basta gritar desde los medios muera el Imperio o echar la culpa de nuestra colonización cognitiva a la invasión española; de lo que se trata es romper los viejos modelos jerárquicos contraponiéndolo con la heterarquía para que no haya poder (acumulado), sino componentes independientes; y para que el concepto de ordenar cambie por el de influir; y para que no haya un amo; y para que las relaciones comunicacionales sea bidireccional, interactiva y horizontal.

Decolonizar tampoco quiere decir borrar todo el conocimiento dominante que circula a través de los medios, sino buscar nuevos lenguajes para resignificarlos, contrarrestarlos e influir en el resto del mundo, como ya lo hizo Felipe Guaman Poma de Ayala, en el virreynato del Perú, desde donde envió su obra Nueva Corónica y Buen Gobierno al Rey Felipe III, en 1616. 

En suma el pensamiento decolonial tiene como razón de ser y objetivo la decolonialidad del poder, lo que significa entender el capitalismo no sólo como un sistema económico o sólo como un sistema cultural, sino como una red global de poder, integrada por procesos económicos, políticos y culturales/comunicacionales, cuya suma mantiene todo el sistema. 

Para ello, en primer término, insisto, es necesaria la decolonización epistemológica, lo que dará paso a intelectuales y periodistas/comunicadores que concebirán los medios como espacios de comunicación que se alimentarán de nuevas fuentes interesadas en resignificar el mundo desde su mundo.

Gracias.

* Ponencia de Andrés Gómez Vela en el Décimo Encuentro Nacional de Investigadores de la Comunicación, celebrado en Cochabamba el pasado 9 de septiembre.   

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