Los pueblos indígenas entre la retórica indigenista y la realidad extractivista

Entrevista con Alex Villca por  José Luis Saavedra [1] “En estos tiempos de fragmentación de las luchas sociales y ante la dificul...


Entrevista con Alex Villca por José Luis Saavedra[1]

“En estos tiempos de fragmentación de las luchas sociales y ante la dificultad de articularnos en torno a sentidos compartidos para enfrentar las nuevas formas dominantes, es de vital importancia converger y circular nuestras reflexiones críticas y dilucidar posibles cursos de acción rebelde y transformadora que vayan más allá de la denuncia”.

Jornadas críticas desde Bolivia. Encuentro en tiempos de fragmentación.

El pasado reciente 8 y 9 de junio se ha llevado a cabo, en la ciudad de Cochabamba, un importante evento denominado “Encuentro en tiempos de Fragmentación”, cuyo objetivo primordial ha sido “producir un espacio de encuentro y discusión que evoque el pasado, nombre el presente y piense el futuro”. Y es en este contexto que hemos sostenido una interesante entrevista- conversación con el más importante líder de los pueblos y comunidades indígenas de Bolivia: Alex Villca Limaco[2], quien es de San José de Uchupiamonas y ante el anuncio de la construcción de la hidroeléctrica El Bala-Chepete, el ex guarda parque del Madidi ha sido nombrado vocero de la defensa de la Amazonia.

 Apreciado Alex, muchas gracias por la posibilidad de conversar. Inicialmente, coméntenos, ¿cómo ha percibido el desarrollo de este evento “Encuentro en tiempos de fragmentación”?

En principio es de celebrar y reconocer la iniciativa ciudadana de muchos colectivos que (frente) a la ausencia de un espacio de diálogo, de discusión, de intercambio de ideas, de experiencias, es que es la sociedad civil que, en estos últimos años, ha ido viendo los violentos mecanismos de poder, procura no ser acallada en su participación y en su derecho de exigir a los gobiernos, ya sean de izquierda o de derecha, que las políticas públicas vayan en beneficio de los pueblos, de los países, de las naciones.


Este Encuentro, organizado por distintos colectivos, en el que se han hecho presentes las organizaciones sociales durante estos dos días, acá, en la ciudad de Cochabamba, nos está permitiendo visibilizar las distintas intenciones de los gobiernos que, en la mayoría de los casos (como en Bolivia y Ecuador) se dicen ser “de izquierda” y están embanderados con la lucha y la causa (común) de los pueblos indígenas, de las naciones indígenas, y de la defensa de la Madre tierra, pero que la experiencia, en el lugar de los hechos, en los distintos países latinoamericanos, vemos que simplemente son banderas, son maquillajes que estos gobiernos están usando para dedicarse a actividades tremendamente extractivas, llámese minería, llámese petróleo, llámese mega represas hidroeléctricas, llámese agroindustria, etc.

Si bien, en el pasado, los gobiernos de perfil neoliberal, gobiernos de derecha, también estaban encaminados al extractivismo, a la exportación (de materias primas), ahora esta realidad no ha ido cambiando para nada, sino, por la lectura que hacen nuestros hermanos indígenas de diferentes regiones de nuestro país y los activistas internacionales, se viene a develar, a quitarle esa cortina y podemos ver el fondo de lo que estos gobiernos, a título de llamarse de izquierda, progresistas, socialistas, están poniendo en riesgo aún mayor nuestra integridad como territorios, como pueblos, como naciones.

Esto es algo que consideramos sincerarnos, pensamos muy importante ponerlos en la plataforma (pública), visibilizarlos y analizarlos, porque si es así como se viene gestando una arremetida brutal hacia los últimos recursos naturales, que quedan en nuestros territorios, en nuestros países, y que ese aprovechamiento desmedido, depredador y arbitrario, que están protagonizando estos gobiernos en Latinoamérica, sobre todo los llamados (progresistas) socialistas, es algo que la ciudadanía, la humanidad en su conjunto, en este caso Latinoamérica, tiene que empezar a despertar y tenemos que empezar a exigir a los gobiernos que nos hagan conocer sus estrategias, sus políticas de cómo (si acaso) vamos a ser beneficiados.

Esto es lo que he podido observar, he escuchado atentamente las exposiciones de los activistas, que vienen de distintos países, de Brasil, de Uruguay, de Argentina, de Perú, de Ecuador, de México. Entonces, casi al unísono hacen el descubrimiento de esta situación común que estamos atravesando los diversos sectores de la sociedad. Creo que también esta forma, esta nueva forma engañosa que los gobiernos de turno (hoy) están llevando adelante en los distintos países, está prácticamente alertando a la ciudadanía de las áreas urbanas, de las áreas rurales, a los pueblos y naciones indígena originario campesinas, en el sentido que hay que parar el saqueo, el despojo, la depredación y la violencia.

Yo creo que este Encuentro es un buen síntoma, estos espacios tienen que ser mucho más permanentes, estos lugares de diálogo, de discusión abierta, tienen que seguir reproduciéndose. Yo creo que las universidades, que juegan un rol protagónico en la formación del capital social en cada uno de los países, tienen que ser las llamadas a convocar a este tipo de debates, de encuentros, de discusiones, para develar qué tipo de lineamientos realmente son los que se están llevando a la práctica en nuestras regiones, en nuestros territorios, en nuestros pueblos y comunidades.

Y algo que resalto, que también tenemos que llevarnos todos los participantes de este evento, es el de empezar a ver una nueva dinámica de defensa, de cuidado de nuestros territorios, de nuestras riquezas y bienes naturales, en dimensiones mucho más globales y estratégicas. Muchas veces hemos estado con miradas pequeñas, con miradas muy puntuales, como cuando se habla por ejemplo de afectar el curso de un río con una mega represa, sólo estamos viendo su impacto puntual, en el lugar de la represa, cuando en realidad esos impactos que se puedan causar, en este caso con las mega represas, tienen un impacto mucho mayor en la región, en el ecosistema, que engloba muchos aspectos (económicos, sociales y culturales). Y eso creo que es algo que tenemos que empezar a mirar-nos hacia adentro, entre todos los bolivianos, seamos pueblos indígenas, naciones indígenas u originarias, pueblos urbanos o grandes ciudades, y empezar nuevamente a retomar el protagonismo (social y político).

Así, se ha mostrado, durante estos dos días, que los gobiernos sistemáticamente han estado o están atropellando y vulnerando los derechos de los pueblos y comunidades indígenas, los derechos de la Madre tierra, pero que, sobre todo en el caso de Ecuador y de Bolivia, se han abanderado estos gobiernos de perfil socialista o progresista, aunque en el fondo están acometiendo y perpetrando totalmente lo contrario: extractivismo, es decir depredación, devastación y expoliación de nuestros bienes comunes y recursos naturales.

Estos espacios los consideramos por tanto muy útiles porque se viene a discutir diferentes conceptualizaciones, distintas problemáticas ambientales, sociales, económicas (políticas y culturales). Y esto, sin duda, tiene un gran provecho, un gran beneficio, y vamos a ser los activistas, los líderes indígenas, que estamos presentes en este evento, que ha sido convocado por la sociedad civil, por los colectivos ciudadanos, los que hagamos que (el evento) vaya y trascienda más allá de estas cuatro paredes. De nada nos sirve haber estado en discusiones durante dos días, si hacemos que su impacto, su alcance, se resuma solamente a los asistentes.

Aquí el desafío es llevar todo este aprendizaje, todo este conocimiento, todo este intercambio de experiencias, de ideas, de problemáticas que estamos viviendo los diferentes pueblos y naciones indígenas, como también las poblaciones urbanas, en las ciudades, como la escasez del agua que ha puesto en una situación bastante delicada a la ciudad de La Paz y otras ciudades importantes en Bolivia[3], como es el caso de la ciudad de Potosí[4]. Tiene que empezar a generar-se un debate mucho más profundo, de manera que esas problemáticas ambientales que, de alguna manera, los gobiernos quieren hacernos entender que es un efecto natural y una consecuencia del calentamiento global, del cambio climático, no se queden simplemente en discursos sino que podamos identificar cuáles son las razones de la escasez de este líquido elemento, como es el agua en las ciudades y también en los territorios de los pueblos indígenas, de los cuales casi nada se dice en los grandes medios de comunicación.

A partir de estas experiencias, el desafío está pues en generar esos hilos conductores, en (re)encontrarnos y entre todos los pueblos naciones indígenas, que estamos habitando en distintos países, también tengamos el desafío de agarrarnos (de la mano), de poder articularnos, de poder -entre todos- apoyarnos, de hacer que esta lucha no sea individual, sino más bien social, (como es la lucha) de los guaraníes en el chaco boliviano o de los tacana en el norte del departamento de la Paz, (de los pueblos) en la amazonia boliviana, o de los hermanos indígenas del Brasil[5], del Ecuador[6], de Guatemala, de México.

Acá la idea central es llevar a la práctica aquello que este gobierno nos había prometido: de luchar y embanderarse con la defensa y los derechos de los pueblos y comunidades indígenas, que ha sido un discurso (falaz) vacío y que ahora, después de 10 u 11 años de gobierno, podemos ver que –una vez quitada la cortina- detrás está todo vacío, simplemente había sido un cascarón (discurso) bonito, que (el gobierno) nos ha contado, la defensa de la Madre naturaleza,  de la Madre tierra, que no es sino otra cortina (de humo) simplemente para in-visibilizar aquello que verdaderamente el gobierno tenía como propósito: el extractivismo depredador y devastador.

También hemos podido entender que nuestro gobierno, en Bolivia, que dice ser de izquierda socialista, progresista, con (supuestas) prácticas económicas comunitarias, hábilmente está usando ese discurso para estar envuelto en un (régimen) de derecha aún mucho más agresivo que (los anteriores) neoliberales, es decir que su verdadero traje no es el de izquierda, sino que tiene un ropaje que se lo ve desde afuera, que nos confunde incluso a los bolivianos, a las naciones indígenas, con ese perfil (izquierdista), pero que -quitado esa vestimenta que tiene por dentro- es aún mucho más de derecha (que los vende patrias), es un gobierno extremadamente neoliberal, capitalista, extractivista, que ha cedido y está cediendo (como los regímenes entreguistas u oligárquicos) estos nuestros recursos naturales y bienes comunes a los grandes capitales y a las empresas transnacionales.

Esta es una gran preocupación y esto es algo que tenemos que saber, empezar a rebatir, a escarbar, a saber que esto que estamos aquí argumentando, discutiendo, no es una intención en contra de los gobiernos, sino que lo que estamos hablando, discutiendo, es a favor del agua, del territorio y la vida, a favor del medio ambiente, a favor de estos elementos y bienes naturales, de los cuales nos servimos para poder continuar viviendo en nuestros territorios. Los gobiernos -tenemos que entender- son pasajeros, entonces los gobiernos como tales no constituyen el meollo del problema, sino es el fondo, el sistema (de dominación) capitalista y colonialista, cuya actitud, que (el gobierno) está llevando hacia adelante, pone en riesgo el equilibrio del mismo planeta (y de la vida) en su conjunto.

En el de-curso del “Encuentro en tiempos de fragmentación”, ayer (8 de junio), en la mañana, se ha desarrollado la primera mesa denominada "Nuestra fuerza política expropiada”, en la que hemos debatido sobre lo que ha sucedido con las organizaciones sociales luego de que el MAS ganara las elecciones. También ayer, en la tarde, se ha analizado la segunda mesa designada como "Nombrar la dominación para entender lo que pasa”, en la que hemos buscado denominaciones apropiadas para darle a la particular manera en que se reconstituyó el poder de la dominación (oligárquica y transnacional) en Bolivia. Hoy (9 de junio), en la mañana, se ha explicado la tercera mesa nombrada como la "Ocupación capitalista de los territorios”, en la que hemos hablado sobre las maneras concretas en las que se están impulsando una serie de proyectos extractivistas: mineros, hidrocarburíferos y energéticos en el país. ¿Qué opinión le merece el tratamiento de estas temáticas?

Mire, la primera, la mesa de ayer que ha tratado la expropiación o la usurpación de nuestras luchas, que han sido y que son y que serán totalmente sentidas de las naciones y pueblos indígenas, da mucha pena, mucha tristeza, mucha rabia, porque los gobiernos, en este caso el gobierno boliviano, se ha apoderado de aquello (de las luchas indígenas), se ha disfrazado de un perfil indigenista, pachamamista, y ha dicho que iba a hacer un cambio, un proceso de cambio, y que íbamos a ser incluidos después de haber vivido, por 500 años, una exclusión, una marginación, una vulneración sistemática de nuestros derechos, que todo eso iba a frenar, y que íbamos a salir a un mundo distinto, ¡del vivir bien!, de tantas promesas que el gobierno nos ha hablado bonito, nos ha enamorado al conjunto de los bolivianos, y no sólo a los pueblos indígenas. Entonces, es triste ahora, después de 10 u 11 años de gestión de este gobierno, quitarle esa vestimenta y encontrarnos en su interior a un gobierno aún más agresivo que los de la derecha neoliberal, que está poniendo en riesgo inminente nuestros bienes y recursos naturales, que son finitos por cierto.

En el otro aspecto, del tema de la segunda mesa, que habla y trata de cómo podemos denominar al nuevo sistema de dominación, porque cuando estamos haciendo estas luchas, cuando salimos para denunciar, para dar nuestras opiniones, inmediatamente el gobierno nos tilda de derecha, (de agentes del comunismo internacional, perdón del neoliberalismo), cuando el gobierno actual es más derechista que los anteriores (regímenes oligárquicos) de derecha.

Entonces, cómo hacemos de que nuestras disidencias, nuestros reclamos, nuestros cuestionamientos, se vayan a identificar no de derecha, ni de izquierda, sino qué elementos, qué nuevas definiciones, qué nuevas formas vamos a adoptar para que la sociedad en su conjunto entienda que no estamos a favor de la derecha, ni de la izquierda, de que nosotros, los colectivos ciudadanos y los pueblos indígenas estamos buscando un modelo, una forma de poder llevar adelante un nuevo proceso, aquel proceso que nos lo han cantado, contado bonito y que, en la actualidad, después de 10 u 11 años, hemos encontrado que solamente es una nube y que de pronto ha desaparecido y nos encontramos con otras realidades duras, como es el extractivismo depredador y devastador de nuestros recursos y bienes comunes.

Y estamos nuevamente en este desafío y de que estos espacios nos permitan encontrarnos ahí, de saber cómo vamos a lograr de que tanto los gobiernos de derecha como los que se dicen ser de izquierda, nosotros en nuestro posicionamiento no tengamos absolutamente nada que ver ni con los unos, ni con los otros, que este es un nuevo proceso, que estamos gestando una nueva forma de aquello que se lo habíamos dado en bandeja de plata al gobierno actual y ¿qué hizo de ese gran regalo, de esa gran confianza que le dio el pueblo boliviano?, prácticamente lo tiró a la basura, al tacho basurero. Y a estas alturas no tenemos y –por el contrario- los pueblos y naciones indígenas, no sólo en Bolivia sino también en el continente, sentimos que hemos retrocedido muchos pasos atrás, y que necesitamos ahora, más que nunca, volver a retomar esos hilos conductores de las luchas de emancipación y liberación.

Y la tercera mesa, en la cual yo participé esta mañana, “la ocupación (sistemática) de los territorios”, mediante o a través de los capitales, de los grandes capitales y las empresas transnacionales. (Aquí), en Bolivia, nosotros estamos viendo un nuevo oleaje, de poder favorecer, con engaños, con falsas promesas, como las de llevarles desarrollo a nuestros pueblos y comunidades, la ocupación (imperialista a través de las empresas transnacionales) de nuestros territorios. Esta nueva forma de despojo, expoliación, saqueo, usurpación, en fin de apoderarse (impunemente) de nuestros bienes comunes y de terminar con los últimos recursos naturales, que poseemos en los distintos países, obedecen a estas maneras coloniales y colonialistas de exportación de materia prima (a los centros de acumulación mundial), que lo han practicado los gobiernos neoliberales de la derecha (vende patria) , y que con este (gobierno) que dice ser de izquierda, asistimos a la salvaje depredación de nuestros recursos naturales de una manera –reiteramos- aún mucho más agresiva y violenta que los anteriores regímenes neoliberales, de una manera nada responsable con los pueblos, con el medio ambiente y con la Madre tierra.

Ahora se nos habla de construir grandes mega represas e hidroeléctricas en la Amazonia boliviana[7], que vamos a invertir como 25 mil millones de dólares y que vamos a generar entre 13 mil, 14 mil o 15 mil mega vatios, y con eso vamos a convertir a Bolivia en el centro energético, en el corazón energético de Sudamérica, y que eso nos va a permitir tener empleo, tener las posibilidades económicas, como las de generar más de un millón (de ingresos) de dólares sólo por la venta de energía hidroeléctrica producida desde la represa Chepete Bala.

Si bien son discursos muy interesantes, en el fondo, prácticamente, es nuevamente cómo hacer, cómo lograr con-vencer a los pueblos, a las naciones indígenas y terminar con los últimos recursos y bienes naturales, con los últimos pueblos indígenas, que estamos haciendo este esfuerzo (heroico) de aún continuar viviendo. Estos proyectos, llámese hidroeléctricos, mineros, petroleros, agroindustriales, pues vienen prácticamente a usurpar y despojar nuestros territorios, vienen a llevarse lo último que queda de nuestros recursos naturales, y que en su gran parte, en su gran mayoría están siendo resguardados por los pueblos y comunidades indígenas.

Entonces, acá la necesidad de los bolivianos en su conjunto es la de despertar (la conciencia) a esta nueva realidad extractivista, de volvernos a mirar frente a frente, cara a cara, de dialogar, de ya no ir a esa confrontación, que el gobierno pretende enfrentarnos entre diferentes regiones, oponernos con otros pueblos indígenas, dividirnos en nuestras organizaciones, incluso fragmentarnos al interior de nuestras familias. Tenemos que ser mucho más hábiles los bolivianos, los indígenas, la gente de las ciudades, y empezar a ser mucho más celosos con el aprovechamiento de nuestros recursos y bienes naturales.

Ahí, en esa tercera mesa, pudimos ver a nuestros hermanos campesinos e indígenas de Tariquia[8], una reserva tan importante que tenemos los bolivianos, que posee prácticamente los últimos reductos de bosque nublado, de bosque húmedo, de importantes reservorios de agua dulce, que son claves primordiales para la subsistencia humana (de nosotros) en los próximos años,

pero que ahora el gobierno quiere entrar a los territorios indígenas, a las áreas protegidas para prácticamente darle el golpe final, el tiro de gracia a aquellos pocos espacios que aún quedan y que son la esencia de nuestra vida comunitaria.

Lo mismo sucede en el TIPNIS, un territorio indígena, una reserva (de la biosfera), un parque nacional, un área protegida, continuamente asediada, hostigada y acechada por el gobierno actual[9], por el cual (por la zona núcleo) pretenden atravesar una carretera, en uno de los ecosistemas más frágiles y delicados que tenemos en el planeta. Igualmente con nuestros hermanos guaraníes, en la cuenca del río grande, una serie de cadenas de hidroeléctricas[10], que pretenden supuestamente llevar riquezas este mega-proyecto en esta región denominada Rositas, es otra gran amenaza para los pueblos y naciones indígenas.

Creo que acá estamos prácticamente sin otra alternativa que la de buscar esos espacios de defensa de nuestros bienes comunes y recursos naturales estratégicos, eso es lo que tenemos que hacer y tenemos que empezar –reiteramos- a agarrarnos de la mano, a re-encontrar los hilos conductores más fuertes (tal) que ningún gobierno, sea de izquierda o de derecha, venga a romper y a soltar estos hilos conductores. Y que esta experiencia sea una lección de vida para los bolivianos, la de haber confiado en alguien, de haberle dado en las manos, de haberle confiado la posibilidad de desarrollo, de prosperidad, de crecimiento en armonía con la naturaleza, con los pueblos indígenas, y de que esto al final quedó en nada.

Y también que ahora los bolivianos tenemos que ser mucho más hábiles, tenemos que ser mucho más inteligentes, tenemos que ser -insistimos- mucho más celosos de nuestros bienes comunes y recursos naturales. Y no confiar, ya no confiar en que alguien, sea de perfil campesino o citadino, de derecha o de izquierda, de las grandes ciudades o de las pequeñas comunidades, va a poder desarrollar y llevar adelante el progreso social y el desarrollo humano de nuestro país, sino estar siempre vigilantes, siempre atentos a lo que pueda estar sucediendo con nuestros recursos naturales y bienes comunes.

Eso creo que queda como lección aprendida de todo este proceso, y nos queda de acá en adelante, seguir en las decididas luchas de resistencia, seguir defendiendo tenazmente nuestros territorios, nuestros derechos y jurisdicciones. Y pues esperamos que pronto los bolivianos, en su conjunto, podamos tener la capacidad de poner nuevos gobernantes en este territorio, en este país, que puedan reconducir aquellas esperanzas, volver a hacer soñar a los bolivianos en su conjunto, y de darnos esa posibilidad de que podamos vivir en un espacio donde todos tengamos la posibilidad de respirar un aire puro, de obtener agua limpia, bebible, de poder acceder a los recursos de la naturaleza, de su biodiversidad, de que nuestros pueblos y comunidades indígenas estén resguardados, protegidos, y sean partícipes y actores visibles en toda la política económica de nuestro país. Eso es lo que esperamos llevarnos de este evento.

A propósito, ¿cómo percibe las perspectivas de las luchas de los pueblos indígenas por el ejercicio pleno de sus derechos desde y a partir de la experiencia de movilización de la Mancomunidad de Comunidades Indígenas del Río Beni y Quiquibey?

La Mancomunidad de comunidades del Río Beni y Quiquibey ha adoptado una manera de lucha amparada en la CPE y los convenios internacionales (como el 169 de la OIT y la Declaración de las NNUU). Nuestra lucha se ha remitido a exigirle al gobierno el respeto estricto a lo que resguarda, a lo que dice la CPE. En ningún momento hemos roto, como una estrategia exagerada o de perjudicar o de obstaculizar el proceso de desarrollo, este proceso de cambio que lo llama el gobierno. Está en la CPE refrendado, reconocido, los derechos de los pueblos indígenas en distintos capítulos, en distintos artículos (el 2, el 30 y muchos otros, que hacen mención) de la CPE.

Entonces, hemos exigido en nuestras asambleas, en nuestras reuniones, que se cumplan estos derechos. Para que esto sea una realidad se le dio plazos al gobierno, así como decirle a Geodata, a ENDE que abandonen nuestros territorios[11], que abandonen nuestra casa grande, porque se habían entrado sin nuestro consentimiento, sin nuestro permiso y sin la correspondiente consulta (previa). Pero, estas resoluciones no han sido cumplidas (como siempre), lo que obligó a la Mancomunidad de comunidades, que está con-formada por 17 pueblos, a entrar en una vigilia el año pasado[12], en noviembre, más o menos a partir del 9 de noviembre hasta el 20, 21 (de noviembre), duró unos 12 días nuestra vigilia, para decirle al gobierno que no estamos de acuerdo con que nuestros derechos sean pisoteados,

para decirle que necesitamos los pueblos indígenas ser respetados, y de que ni este gobierno, ni (ningún) otro gobierno que venga, tienen que hacer el atropello, no se puede hacer a estas alturas, más aún cuando tenemos una CPE, que reconoce categóricamente los derechos de los pueblos y naciones indígenas.

En esa resistencia, en esa vigilia, logramos impedir que estas empresas encomendadas para realizar el estudio técnico a diseño final para la construcción del mega-proyecto Chepete Bala, abandonen la zona[13]. Sin duda una pequeña victoria de los pueblos indígenas asentados en esta región de nuestro territorio[14]. Pero, que el gobierno se ha dado la tarea (como siempre) de desmerecer racistamente esta esforzada e intrépida lucha.
Los pueblos indígenas tenemos distintas maneras de luchar por nuestros derechos, por nuestra vida, por nuestra dignidad como naciones y las vigilias, las asambleas, las resoluciones, las manifestaciones en reuniones, son distintas maneras de decirle al gobierno, en sus diferentes niveles (regional y nacional), que exigimos el pleno cumplimiento de nuestros derechos. Hemos estado durante ese periodo y de ese periodo al actual buscando las maneras (más activas y dinámicas) de cómo continuar en esta lucha, en esta defensa intransigente de nuestros territorios.

El gobierno nos ha catalogado, en repetidas oportunidades, que somos los voceros de las ONG, que somos pagados por la derecha (vende patria), que somos ex empleados de USAID, que por el hecho que hemos ido a la universidad, o por el hecho que manejamos un negocio, un emprendimiento económico, hemos perdido nuestro estatus, nuestra denominación de indígenas. Tremendamente (segregacionistamente) son las voces que nacen desde el gobierno, voces que profundizan la marginación, la exclusión, el racismo. Personalmente, creo que lo más bien debería hacer el gobierno es celebrar si los pueblos indígenas están siendo preparados, están accediendo a las universidades, encomiar que estén manejando sus iniciativas económicas, que se estén sumando a la cadena (económico productiva) de desarrollo del país. Pero, al contrario, los in-visibiliza, esa no es pues la manera de gobernar un país, esa no es la manera de llevar adelante un Estado, más aún como el nuestro, que ha sido denominado plurinacional, por los pueblos y naciones indígenas que habitamos.

La lucha de la Mancomunidad de comunidades indígenas ha sido protagonizada por los pueblos indígenas, sin la participación de la derecha (neoliberal), ni de las ONG, como dice el gobierno, sin la participación de intereses mezquinos. Nosotros no estamos en una lucha por un interés grupal, no estamos en una lucha por defender simplemente nuestra fuente laboral o motivo de empleo. Estamos en y por la defensa del líquido elemento, el espacio vital y la patria, por aquello que traduce y trasciende mucho más allá de tener un simple empleo, estamos pues por la sagrada causa del agua, el territorio y la vida.

Así estamos haciendo esta resistencia, esta lucha, esta defensa por la vida de los pueblos y comunidades indígenas u originarias, por el territorio de los pueblos y naciones indígenas, por aquellos ríos, por aquellas montañas sagradas, por el medio ambiente que no puede ser de esa manera intervenido, saqueado y despojado, que no puede ser de esa manera destruido, que no puede ponerse en riesgo la vida misma de nuestros hermanos indígenas que habitamos en toda esta región amazónica.

Creemos que todo esto es importante y también es significativo como una experiencia para otros hermanos indígenas en Bolivia, en Latinoamérica, en todo el mundo, de que es posible luchar en hermandad, en unidad y decirles y hacerles entender a los gobiernos de que no necesariamente debemos esperar de las ONG, de los apoyos de los partidos políticos, para hacer una lucha reivindicativa. La mancomunidad ha hecho una lucha agarrado de la mano de la sociedad civil. Las poblaciones intermedias, como Rurrenabaque y San Buenaventura, han jugado un rol protagónico en apoyar activamente esas luchas de resistencia, en poner algo de víveres, algo de medicamentos, para que esa resistencia de los pueblos, de nuestros hermanos indígenas, estén ahí, en el estrecho de El Bala, y no así manipulados como dice el gobierno.

Esto es importante ponderar, reconocer y lo que el gobierno diga, para nosotros, los pueblos indígenas, que estamos convencidos de que la lucha por nuestros territorios, por la dignidad y por la vida tiene que continuar, no nos interesa lo que ellos (el gobierno) puedan decir, porque siempre lo que emiten es de descalificar racistamente, de in-visibilizarnos segregacionistamente, de no considerarnos discriminatoriamente pueblos, como para poder sostener un diálogo, de siempre buscar excusas y argumentos para hacer que estas luchas no tengan la resonancia, ni el eco que buscamos los pueblos y las comunidades indígenas.
Nosotros estamos convencidos de que tenemos que continuar esta lucha ante este gobierno y ante los gobiernos que vengan en el futuro. ¡La lucha de los pueblos indígenas es una lucha interminable, es una lucha que no vamos a cambiarla, no vamos a cederla por algún fin o interés económico puntual, que beneficie solamente a unos cuantos, sino esta lucha es una lucha por el conjunto y la integridad de nuestros pueblos y comunidades, de nuestros territorios y por ende por el interés general de todos los bolivianos, de toda la humanidad y de todo el planeta!


[1] Intelectual quechua, militante katarista, profesor universitario y consultor del IESALC/UNESCO. 
[2] Alex Villca Limaco es un indígena de 38 años experto en ecoturismo. Uno de sus primeros empleos fue de guarda parques del Parque Nacional Madidi y desde hace unos meses es vocero de la Coordinadora de Defensa de la Amazonia, instancia creada por los pueblos indígenas que habitan en los territorios donde el Gobierno planea construir la hidroeléctrica El Bala-El Chepete. Más referencias se puede leer en: “El guardián del Madidi y la Amazonia” (Página Siete, 3 noviembre 2016). 
[3] La escasez del líquido potable ha generado preocupación y emergencia en varias capitales de Bolivia. Cfr., por ejemplo, “Carencia de agua genera drama social e indignación” (El Diario, 15 noviembre 2016).
[4] Vecinos de las zonas altas de Potosí denuncian extrema escasez de agua potable en sus domicilios. La laguna Kari Kari, que suministra agua a la urbe, se encuentra con un muy bajo caudal a causa de las persistentes sequías. Cfr., por ejemplo, “Aumenta crisis por falta de agua en Potosí” (El Diario, 19 noviembre 2016); “Potosí vive una (severa) crisis por la falta de agua para el riego y consumo” (El Potosí, 14 octubre 2016) y “Potosí castigada por falta de agua potable” (El Diario, 24 febrero 2017).
[5] Cfr. “La dictadura del capital se sobrepone a los derechos de los pueblos de la Amazonia” (Rel-UITA/
CIMI, 20 noviembre 2014).
[6] Cfr. “Batalla en la Amazonia: Rafael Correa reprime a la etnia Shuar para avanzar con un proyecto minero chino” (Infobae, 24 de diciembre de 2016) y “Pronunciamiento. Ante las acciones de militarización en territorio del pueblo indígena Shuar en la Amazonia Ecuatoriana, contra la persecución de dirigentes indígenas y la criminalización social” (Clacso, Diciembre de 2016).
[7] Cfr. “El Dilema Amazónico. La construcción de Mega-represas en el Río Madera” (Ceadesc, abril 2010); “Los planes hidroeléctricos que pueden poner en riesgo a la Amazonia” (BBC Mundo, 20 abril 2012); “Amazonía bajo asedio: proyecto hidroeléctrico Rositas en Bolivia” (Radio zapatista, 12 diciembre 2016) y “Manifiesto en contra de las mega represas, en defensa del agua, los ríos, los bosques, la amazonia, los pueblos indígenas y la vida” (Rimay Bolivia, 21 marzo 2017).
[8] Recuérdese la última gran marcha “Paso a paso por la dignidad” en y por la defensa de la reserva de Tariquia. Cfr. “Tariquía: Reserva natural frente a la ofensiva petrolera” (Chaski Clandestino, 24 marzo 2017); “Gran Marcha en defensa de Tariquía: Comunidades campesinas rechazan proyectos petroleros en la reserva natural” (Chaski Clandestino, 17 abril 2017) y “Comunarios de Tariquia marchan en defensa de la reserva natural” (Radio Fides, 26 abril 2017)
[9] Cfr. “El MAS persiste en construir una carretera por el TIPNIS” (Página Siete, 1 septiembre 2014); “TIPNIS: derechos indígenas, consulta, coca y petróleo” (Plataforma energética, año 1, marzo de 2012, Nº 4) y “El Estado va por el TIPNIS” (Página Siete, 21 junio 2015).
[10] Cfr. “¿Qué pasa con el proyecto Río Grande Rositas?” (El Día, 2 diciembre 2011); “Río Grande represado: el Proyecto Hidroeléctrico Rositas y la resistencia indígena – popular” (Chaski clandestino, 5 diciembre 2016) y “Comunidades guaraní: Voces contra el proyecto hidroeléctrico Rositas (Santa Cruz, Bolivia)” (Chaski clandestino, 16 diciembre 2016). 
[11] Las organizaciones indígenas daban un plazo de 72 horas al Gobierno para que instruya a ENDE y a Geodata el retiro de maquinaria y de todo el personal que se encuentra en la región. Cfr. “Indígenas conminan al Gobierno a retirar maquinaria de El Chepete y El Bala en 72 horas” (Noticias Fides, 17 octubre 2016) e “Indígenas rechazan el proyecto de la represa de El Bala” (Página Siete, 18 octubre 2016).
[12] Cfr. “Comunidades deciden presión contra El Bala” (Los Tiempos, 7 noviembre 2016); “Comunidades inician vigilia indefinida en El Bala” (Los Tiempos, 11 noviembre 2016) y “Indígenas en vigilia por El Bala” (Página Siete, 12 noviembre 2016). “Se instala Vigilia de Resistencia: ¡NO a las hidroeléctricas en El Bala y Chepete!” (Chaski clandestino, 12 noviembre 2016).
[13] Efectivamente, la empresa subcontratada por Geodata abandonó la zona de El Bala y Chepete. Cfr. “Empresa detiene su trabajo y se retira de El Bala y el Chepete” (Página Siete, 21 noviembre 2016) y “Empresa que hacía estudios para represa Chepete se va ante rechazo indígena” (Los Tiempos, 22 noviembre 2016).
[14] Cfr. “Primera victoria en El Bala-Chepete” (Fundación Solón, 24 noviembre 2016) y “Bala-Chepete: Primera victoria indígena” (Somos Sur, 4 diciembre 2016).

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Rimay Pampa: Los pueblos indígenas entre la retórica indigenista y la realidad extractivista
Los pueblos indígenas entre la retórica indigenista y la realidad extractivista
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