El hombre como animal tiránico

Manuel Suárez Dentro de dos generaciones muy probablemente ocurrirá esta maravilla: Entre las cinco primeras potencias del mundo (por ...

Manuel Suárez

Dentro de dos generaciones muy probablemente ocurrirá esta maravilla: Entre las cinco primeras potencias del mundo (por economía, población y armamento), la primera será una dictadura (China); la segunda será una democracia ridícula (India); la tercera será una democracia vieja y tímida (EEUU); la cuarta (Indonesia) y la quinta (quizá Brasil), como las dos primeras, serán democracias grotescas o ridículas. 

En este primer pelotón de ultra/poderosos universales, entonces, lo habitual será la lógica del abuso político sobre la gente, o sobre eso que los liberales llamamos con cierta pompa, los individuos.

Si además de mirar las primeras cinco potencias mundiales, del tiempo que viene, vemos las primeras diez, nos daremos cuenta de que la tendencia hacia la racionalidad tiránica, es igual. 

En efecto, entre las primeras diez potencias del mundo -en no muchos años- la tónica habitual será la siguiente: En primer lugar, tendencia hacia lo tiránico. En segundo lugar, la tentación de instalar democracias ridículas: gobiernos empeñados en simular que son democracias cuando en realidad son cualquier disparate consagrado al abuso político. Y en tercer lugar, el declive y la timidez de la vieja libertad liberal y de los valores republicanos. 

Para aquellos que les gusta la historia de las ideas: entrado el siglo XXI, habrán concluido los agitados siglos XVIII y XIX y sus veleidades sobre la idea y la creencia del individuo, la libertad y la limitación del poder. 

De esas diez potencias punteras, aparte de EEUU y Alemania (las dos democracias sólidas pero tímidas), las otras serán China, India, Indonesia, Brasil, Rusia, Nigeria, México, y quizá Turquía. Como ven, un ramillete encantador de ricos y poderosos, dados con morbo y tradición, al abuso político. O en fin: sitios y gobiernos que nunca han sido ejemplo de libertad y democracia y que desde luego, no piensan (ni por si acaso) comenzar a serlo. ¿Por qué cojones habrían de intentar estos caballeros semejante cosa tan rara y exótica? 

Desde la segunda guerra mundial, hasta hace muy poco, la cosa era más o menos distinta. De hecho, en este periodo corto y raro (1945/2000) las primeras potencias del mundo, en su mayoría, eran democracias liberales asentadas en las tradiciones republicanas y con una fuerte vocación y empeño por impulsar derechos sociales y por consolidar un modelo de sociedad y de dominación que bien podemos llamar el Consenso Socialdemócrata. Democracias y Consenso (no lo olviden por favor) instalados y respaldados por el orden que impuso EEUU, tras su victoria militar en la guerra. Era la teoría de que la paz, la democracia liberal, el Bienestar, los derechos sociales y los derechos del Consenso Socialdemócrata en general, impulsarían la economía y convertían a estos países en potencias. En muchos casos fue así. 

Ahora bien: esa fiesta y ese orden de evocación liberal, se acabó como rumbo o ideal hacia el cual camina el resto de la manada. Y se acabó también, como fórmula para crear y criar potencias mundiales. En otras palabras, prepárense porque viene lo contrario, o por lo menos, lo distinto: viene lo tiránico.

Toca pues despedirse de la tradición liberal y en muchos casos, de la tradición socialdemócrata. Y eso no es poca cosa.

Para no perderse: los derechos sociales y otros derechos de última generación, tan mimados en el Consenso Socialdemócrata y que fueron impulsados por Europa, EEUU y otros, son parte de un solo paquete junto a los derechos políticos y liberales. Desaparecidos estos últimos, se derrumban todos.

El derecho liberal a la libre expresión es la base política del derecho a la igualdad de género. A ver, en dos generaciones: ¿cómo creen ustedes que será la cosa del machismo en Rusia, Turquía, China, India, Indonesia o Nigeria? ¿A alguien se le ocurre que estas nuevas potencias podrían descuidar los derechos políticos pero a cambio impulsar los derechos de género para favorecer la igualdad de oportunidades de las mujeres? Por favor. Estas nuevas potencias son y serán el paraíso del machismo y del rompimiento de cualquier derecho sobre medioambiente o cosa posmoderna similar. Para la mayoría de las nuevas potencias, cualquier cosa que sea un derecho liberal o socialdemócrata, es y será un amaneramiento de otro tiempo. Estamos pues ante un cambio de fondo. Y el signo de ese cambio es este: retorna en el mundo el tiempo de la tradición tiránica. La de toda la vida.

Oye, al fin y al cabo, solo durante un pequeñísimo periodo de tiempo, que significa el 0.2% de la historia humana, se ha intentado organizar la vida en función a las ideas y las creencias de la libertad, el individuo y la limitación del poder. El resto, el 99.8% de la existencia del ser humano, ha sido montado sobre alguna forma contundente de abuso de poder. Y ojo, tan solo fue una minoría de la humanidad aquella que intentó (durante ese 0,2 de tiempo histórico) organizar la vida en función a la cosa de la libertad. El resto de la humanidad -incluso en ese cuarto de hora de la libertad- andaba y anda bajo algún tipo de orgía tiránica. El hombre aunque pueda serlo, no es un animal político (qué ocurrencia): es un animal tiránico. Y tiranizable. Y la libertad -idea peregrina- es un paréntesis, un pestañeo en la historia.

Volvamos al siglo XX y su segunda mitad, que es cuando los gringos imponen la democracia a los europeos. Y en ese escenario, recordemos esta cosa que nos toca en los genitales a los latinoamericanos:

No hay duda: EEUU, cansado de las pavadas socialistas y nacionalistas de los europeos, pavadas normalmente guerreras y autoritarias, impuso su democracia a la Europa Occidental tras la segunda guerra. Pero en otros sitios como en América Latina –al calor de la guerra fría y su lógica de poder- los Estados Unidos (gringos miopes e imbéciles) impulsaron dictaduras terribles desde mediados de los años 60, hasta finales de los 70.

Es Carter, quien, al terminar la década de los 70, comienza a empujar una nueva política gringa de fuerte apoyo al establecimiento de democracias en la Región. Y eso resultó de enorme importancia y peso para terminar instalando las democracias (muchas de ellas bastante ridículas) que hoy tenemos en la Región.

Todo lo cual indica, compañeros, que la democracia o la dictadura, en tantos sitios del mundo y especialmente en Latinoamérica, han sido en mucho, un resultado directo de las influencias y de las estrategias que despliegan fuerzas externas: resultado directo de políticas que emprenden las grandes potencias, resultado directo de guerras, de pactos internacionales o de revoluciones inflamadas desde el exterior. De hecho, es así como nacen y mueren las democracias latinoamericanas en el siglo XX.

Pregunta: la democracia boliviana y todas las latinoamericanas, así como la española y las otras europeas continentales, ¿no son -acaso- producto de las luchas y los sacrificios de los demócratas hijos de esas tierras? En parte. Solo en parte.

Porque, en realidad, lo normal ha sido que los demócratas de esas tierras han triunfado o han fracasado en la tarea dura de construir la democracia, según ha sido el empuje y la ayuda externa. La mala noticia es que en dos generaciones más, se acabará el empuje externo que ayudaba a instalar democracias en distintos sitios del planeta. Y aquello quedará como una travesura corta del pasado.

Se acabará pues, la posibilidad de que alguna potencia extranjera ayude a los demócratas latinoamericanos (o a los demócratas de cualquier sitio) a construir sus democracias. Y por eso señores y señoras, los que quieran democracia y libertad -de aquí en adelante- tendrán que hacerlo a pulso y estarán en el mundo, solos como la luna. 

Pero más allá de eso, vamos a tres cosas importantes en base a las anteriores reflexiones:

  1. El crecimiento poblacional tan espectacularmente alto en algunos grandes países que hasta hace poco eran considerados pobres, ligado a la urbanización impenitente de esas sociedades y muchas veces, ligado también, a un régimen político y laboral con escasos derechos, impulsa la aparición de mercados internos potentes con dos características: mano de obra masiva y barata y al mismo tiempo, consumo masivo, extenso e intenso.O sea, muchos nacen, muchos producen y muchos consumen en el mercado: y hacen todo eso, aunque sea sin derechos. Pues bien, ese proceso sociológico (esa “fórmula” del capitalismo y la política reciente) se ha revelado como el motor más eficiente e importante del crecimiento económico y consecuentemente, del encumbramiento de las nuevas potencias mundiales. Y esto, compañeros, es la base del nuevo orden mundial. Bienvenidos.

    La fórmula de esas nuevas superpotencias es esta: Si tienes mil millones de habitantes y 600 millones de ellos viven la vida de los que producen y consumen mucho, ¿qué importancia tienen los 400 millones que quedan excluidos? Recordemos que en esas sociedades no hay democracia ni libertades y así, son escenarios donde nadie jode el orden público, ni frena el proceso productivo. O sea, son sociedades donde puedes excluir, abusar y explotar a tus anchas. Además, todo indica que aquellos excluidos -al fin y al cabo- se irán incluyendo en futuras generaciones; por lo menos, hasta un cierto nivel. Es el nuevo camino al éxito: Miles de millones produciendo, consumiendo y viviendo bajo tiranías. Tomen asiento, este es el siglo XXI.
  2. La democracia liberal y los valores republicanos, en dos generaciones más, no tendrán ninguna importancia en la agenda política de la humanidad: por ejemplo, en la agenda interna de las principales potencias mundiales, o en la agenda internacional. Las democracias liberales (potencias mundiales o no) serán islas exóticas, expuestas en lo interno a la tentación tiránica y expuestas en lo externo a las agresiones de las potencias tiránicas. No será una lucha entre el bien y el mal. Será una lucha entre los débiles (las democracias liberales) y los fuertes (las nuevas potencias tiránicas y sus aliados).

    Los valores y las instituciones liberales y republicanos serán percibidos (en general) con nostalgia por algunos, con indiferencia por la mayoría, con sorna por los intelectuales o con curiosidad académica por los estudiosos. En suma, serán percibidos como se percibía en la vida diaria del castillo medieval, a la República Romana.

    Y es que (como vimos) la mayoría de las mencionadas nuevas potencias -y sus áreas de influencia- será gobernada por algún tipo de dictadura o de democracia ridícula, donde se habrá desarrollado una hegemonía cultural consagrada a la producción eficiente, al consumo masivo y a la obediencia rutinaria ante la tiranía, o directamente, ante el tirano. De hecho, la discusión o la preocupación sobre la libertad, en dos generaciones más, será exactamente como es hoy en día la discusión y la preocupación sobre una posible invasión extraterrestre: una cuestión entre nula y absurda.

    Por su parte, las grandes potencias que en dos generaciones más conserven la democracia liberal (EEUU o Alemania) se comportarán con timidez ante este nuevo orden mundial: serán democracias acomplejadas y silenciosas y, en cuanto puedan, harán lo siguiente en materia de libertad: en lo interno -a fin de ser competitivas y de defenderse ante las fuerzas del nuevo orden- irán disminuyendo el chorro de derechos y libertades que venían sembrando desde la segunda guerra mundial en sus propias sociedades; y en lo externo, procurarán ser amigos antes que enemigos del pelotón de potencias tiránicas y por eso, dejarán de impulsar la libertad, la democracia y sus valores en terceros países. Los nexos con sus áreas exteriores de influencia, estarán pensados en función al mercado y no a la política.
  3. En países pequeños y de instituciones frágiles, como Bolivia, todo eso significa casi un cheque en blanco para instalar gobiernos autoritarios. Por tanto, los compañeros autoritarios bolivianos, alégrense porque mañana toca tiranía, drogas y racanrrol. En fin.- 


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El hombre como animal tiránico
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