¿Por qué los hombres violan?

Jenny Ybarnegaray Ortiz Andrés Gómez me pregunta ¿por qué los hombres violan? y yo me quedo un tanto pasmada, no creo tener la respu...

Jenny Ybarnegaray Ortiz

Andrés Gómez me pregunta ¿por qué los hombres violan? y yo me quedo un tanto pasmada, no creo tener la respuesta, no creo que exista una respuesta simple a esta interrogante. Sin embargo, me comprometo a indagar, porque ésta es una pregunta que me hago casi todos los días, sobre todo cuando la prensa nacional informa de casos que se repiten casi a diario y que, de tanto repetirse, parecen haber generado una costra dura en una sociedad que ya no se sorprende, que quizás condene el hecho desde su fuero interno, que maldice y termina mirando para otro lado.

No todos los hombres lo hacen, por supuesto, y lo que voy a señalar no condena al género masculino per se, aunque esta conducta sea, en verdad, mucho más común de lo que se sospecha y, aunque se sabe que si bien la mayoría de los hombres no llega a consumar el acto, muchos fantasean con hacerlo, también.

La primera respuesta es, de hecho, quizás demasiado genérica, y por ello mismo suele provocar un rechazo casi visceral, no obstante está en el fondo del asunto: por siglos, las sociedades humanas han construido una estructura de relaciones de poder entre hombres y mujeres, en el que los primeros reciben el mandato de mandar y las segundas el de obedecer, se llama “patriarcado”, y tiene la función de establecer un orden en la sociedad, un orden de subordinación que luego se expresa en otras relaciones analógicas, aunque aparentemente no tengan que ver con ella, donde el/la otro/otra subordinado adquiere la identidad de lo femenino. Esta estructura es omnipresente, permea culturas, regiones, tiempos y espacios, a tal grado que ha sido “naturalizada”, es decir, que se considera un orden natural inherente a la especie animal, de la cual los humanos formamos parte. Cuando se pone en cuestión este orden, es común escuchar justificaciones como “en todas las especies animales, es el macho el que domina, porque su naturaleza así lo determina”. Esto no es verdad, no obstante, admitiendo que así fuere, ¿no se supone que la especie humana, por su carácter “racional”, está por encima de todas las otras y que a lo largo de milenios ha desarrollado algo que llamamos “civilización”, por la cual somos capaces de relacionarnos de maneras más respetuosas y armoniosas?

Hay quienes se preguntan ¿qué hay en la mente de UN violador? En la mente de cada perpetrador puede haber muchas cosas (pensamientos, fantasías, estructura de personalidad, historia personal) al mismo tiempo, y es probable encontrar elementos en común entre muchos de ellos. Sin embargo, ninguna investigación alcanza a circundar la totalidad, aquella que permita identificar la relación causa-efecto de manera unívoca, de modo tal que esa conducta resulte previsible y, en esa medida, controlable.

Nohemi Hervada (1) señala: «La respuesta es tan simple como estas dos palabras: PORQUE PUEDEN. Dice un refrán popular “querer es poder” y con la violencia de género vemos el máximo exponente de esa máxima. La clave está en que QUIEREN insultar, humillar, difamar, ningunear, ridiculizar, golpear, acosar, violar y matar y PUEDEN  hacerlo con una impunidad más inmoral aún que el hecho en sí».

Es decir, la violación sexual no es una conducta aislada, forma parte de las múltiples formas de sometimiento que constituyen el acervo del mandato masculino de dominador, y cuando las formas más “sutiles” fallan, la violencia es la que manda, en ocasiones suele ser  el recurso de la impotencia del dominador que no logra dominar y se enfurece. La víctima no es necesariamente aquella persona a quien no logra dominar, puede ser cualquiera a su alcance.

Para que esto sea posible, innegablemente existe un “ambiente” que lo propicia, es la manada que se expresa cotidianamente premiando con su aplauso al más temerario de sus miembros, la que auspicia con su aceptación que ello sea posible. Son los mensajes que recibimos todos los días a través de todos los canales de comunicación a los que tenemos acceso, desde los íntimos foros de conversación privada en los que el “chiste” de la violación se repite hasta el cansancio, hasta los grandes medios de comunicación (cine, TV) donde se observa sin filtros escenas de violación, pasando por la pornografía, la literatura, y muchas otras más.

Contra lo que suele percibir el sentido común de las gentes, la violación sexual no responde a un impulso. No es el producto de un momento de descontrol, más bien suele ser el resultado de largos procesos de cavilación y fantaseo previo. Los atacantes individuales suelen ser sujetos que ya lo han realizado, si no de manera fáctica, lo han consumado una y mil veces en sus mentes, hasta que encuentran la ocasión propicia y pasan de la imaginación al acto. Cuentan para ello con la certeza de la impunidad de su acto, sobre todo quienes ya lo han realizado antes y no han sido denunciados, y si lo han sido, han podido zafarse del castigo que las leyes prevén.

El violador, sea que actúe en forma individual o colectiva, no busca placer, busca dominar, busca castigar a su víctima y, a través de ella, todo lo que ella misma representa, es decir, “lo otro” inalcanzable, incomprensible, inasible. «La violación no es un acto sexual. La violación es una agresión, está relacionada con la voluntad de ganar. Trata de hacerse con el control de un objeto -la mujer se convierte en un objeto-, trata del poder»(2), refiere la psiquiatra y profesora turca Sahika Yuksel, ante la interrogante que le plantea la BBC en una entrevista a propósito de la muerte de una joven de ese país, víctima de violación en 2015.

Cuando se refiere “violación”, se suele suponer que el atacante fue un extraño, no es necesariamente así, las más de las veces los perpetradores suelen ser hombres cercanos a las víctimas, sobre todo cuando éstas son niñas, niños o adolescentes, en cualquier nivel y tipo de relación con ellas.

Cualquier mujer puede ser víctima de violencia sexual; sin embargo, la vulnerabilidad es mayor cuando: a) tiene una discapacidad (si usa silla de ruedas o si es sorda, ciega o mentalmente retrasada); b) es una refugiada o una persona desplazada o migrante, o si vive en situaciones de guerra o conflicto; c) vive en la calle; d) es trabajador/a sexual; e) ha sido detenida o está en prisión; f) está siendo maltratada por su pareja(3). Estas condiciones de vulnerabilidad se exacerban cuando se trata de menores de 18 años que: a) se encuentran en situación de violencia sexual comercial; b) se encuentran en situación de custodia temporal o permanente; c) viven en hacinamiento; d) están en situación de desprotección física o emocional.

Los perpetradores cuentan con la complicidad y el silencio de la sociedad, porque la condena social suele ser tanto o más dura con la víctima que con el culpable; las primeras “sospechas” suelen apuntar casi siempre a la víctima, que si a qué hora sucedió el hecho, que si dónde se encontraba, que si cómo andaba vestida, que si habría ingerido (voluntariamente o no) bebidas alcohólicas u otras drogas. Un principio que se debe establecer sin lugar a objeciones es que nunca la víctima es la culpable.

Andrés también me pregunta ¿por qué hay tantas violaciones en Bolivia? La verdad, no lo sé y ni siquiera me animo a lanzar hipótesis o conjeturas al respecto. Quizás, a lo sumo, agregar otras preguntas ¿en qué condiciones se están dando estos hechos? ¿Se han incrementado las violaciones en los últimos cinco o diez años con relación a periodos anteriores o es que la prensa le presta más atención a este crimen que antes y es por eso que pensamos que existen más casos? ¿Cuál es el perfil de los violadores según estrato de edad, relación con la víctima, lugar de los hechos, nivel de educación, tipo de actividad a la que se dedican, antecedentes criminales, patrones de comportamiento más o menos violentos, nivel de frustración, modelos de referencia (quiénes son sus “héroes”), etc.?

Finalmente, a la pregunta ¿cómo resolvemos esto? Sólo atino a responder con algunas
consideraciones:

  1. No vamos a resolver el problema mientras continuemos ignorando sus dimensiones y características. Urge investigar y pienso que las universidades son las entidades que mejor podrían enfrentar este desafío a través de estudios multidisciplinarios y longitudinales que consideren las diversas variables que hacen a este problema. Para ello requieren recursos financieros, tanto cuanto acceso a víctimas y perpetradores, y esa debería de ser una prioridad presupuestaria.
  2. Tampoco vamos a poder resolverlo mientras la justicia no actúe con prontitud, celeridad e idoneidad, muñida de recursos tecnológicos y HUMANOS capaces de tomarse a cargo la responsabilidad y la defensa de las VÍCTIMAS, en primer lugar. No es incrementando sanciones o promoviendo actos de venganza, linchamientos, castraciones, hasta la pena de muerte inclusive, que se va a evitar más violaciones. Necesitamos una justicia idónea que aplique las leyes existentes con todo el rigor que corresponde a cada caso y emita una señal clara y permanente de que la impunidad les está negada a los perpetradores. 
  3. Mucho menos si continuamos sosteniendo y justificando la violencia en contra de las mujeres como un hecho natural, como un derecho de los varones o como un deber de los mismos (el deber disciplinar). Debemos trabajar en todos los ámbitos, empezando por las familias, pasando por las escuelas, los colegios y las universidades, hasta las instituciones, educando a LOS HOMBRES (en primer lugar) en relaciones de respeto hacia las mujeres. 
  4. Debemos de ser drásticos en la sanción moral, tolerancia cero a cualquier manifestación de violencia, desde los chistes, aparentemente “inocentes”, hasta los actos más aberrantes.
Sé que me quedo corta, sé que las respuestas dadas a estas preguntas provocadoras son del todo insuficientes; pero, me complace saber que existen personas que no permanecen indiferentes, que todavía tienen la capacidad de asombro intacta, que resuelven dar un paso más allá del lamento, el enojo o el exabrupto, y se preguntan ¿qué puedo hacer YO, en primera persona, para contribuir a que esto no siga sucediendo.

1) Ref.: http://nohemi-hervada.com/por-que-hombres-violan/
2) Ref.: http://www.bbc.com/mundo/noticias/2015/02/150217_por_que_violan_hombres_turquia_entrevista_gch_ac
3) Ref.: http://es.hesperian.org/hhg/Where_Women_Have_No_Doctor:Tipos_de_violaci%C3%B3n_y_asalto_sexual

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1 comentario

Anónimo dijo...

Esto es periodismo o propaganda marxista?

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