Palmasola y salud desnudan la debilidad del Estado

Hernán Cabrera Palmasola y la salud son dos realidades y dos grandes problemas. Tienen muchos rasgos iguales y compartidos. Comunes po...

Hernán Cabrera

Palmasola y la salud son dos realidades y dos grandes problemas. Tienen muchos rasgos iguales y compartidos. Comunes porque nos desnudan a una sociedad en su real dimensión y al Estado en sus debilidades, y porque son estructurales, demasiados profundos, contradictorios y espinosos.

Frente a ellos difícilmente demostrarán una suprema voluntad política y económica para encontrar algunas salidas importantes y de fondo, además que perduren en el tiempo.

Palmasola, lo dijimos en su momento es una bomba de tiempo, la que explotó hace tres años con la masacre de los 34 internos, como producto de la pérdida de autoridad de las autoridades competentes, aunque un ministro acusó a los muertos del motín, bajo el pretexto de una pugna de poderes.

Hay esa pugna porque la Policía, la justicia y otras instancias lo permiten, lo encubren, lo callan y quizás lo fomenten. Ya no debe sorprender lo que está ocurriendo con el Centro de Rehabilitación Santa Cruz, hermoso nombre, pero que no pasa de ello: hacinamiento, vergonzosa retardación de justicia, control de los internos en Palmasola, corrupción, fiestas, borracheras, situación que el Estado no quiere reconocer, y siempre va a encontrar culpables, pero no soluciones.

Además de ello, las contradicciones de ese Estado representado por el Ministerio de Gobierno, de Justicia, la Policía, la Gobernación y el Municipio, que en los hechos poco o nada coordinan.

Pues bien, ahí está el dinosaurio, diría Monterroso, a pesar de haberse despertado, y parafraseando, ahí está el presidio más grande, con más población carcelaria y con enormes problemas, que no se animan a agarrar el toro por las astas.

La salud, aquella que tiene aristas casi impenetrables, y lo demuestran así cada vez que ocurren problemas o paros o marchas. Los médicos, los trabajadores, sus sindicatos, las enfermeras tienen una virtud, que son orgánicos y unidos.

Lo han demostrado en todas sus luchas que logran arrancar a las instituciones competentes lo que ellos quieren. Incluso no se doblegaron ante la intención de hacerlos trabajar las ocho horas, tal como hacen en todo el país.

Han tumbado gerentes, presidentes, logran bonos, cambios de personas, etc, pero no logran mejorar el sistema de salud pública, y el Estado se desentiende de la salud privada, cuyos representantes han hecho de la salud un lujo, un privilegio.

Los protagonistas han realizado muchas movilizaciones por sus propios intereses, pero la salud no ha mejorado sustancialmente: las largas filas en los hospitales, la falta de coordinación entre los niveles de gobierno, los altos costos en medicamentos, en laboratorios, la aglomeración de pacientes, la mala atención de esos pacientes, y un rosario de situaciones extremas, que tampoco quieren ser reconocidas por quienes están llamados por ley de hacer de la salud, un derecho humano para poder acceder a ella con calidad y calidez.

Palmasola y la salud exigen y demandan de las instituciones competentes respuestas claras, contundentes, oportunas y de fondo, y que ya no pueden esperar más.

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